En la provincia del Chaco, las proyecciones técnicas confirman que el periodo de mayor variabilidad e incremento de precipitaciones por encima de la media histórica iniciará formalmente a partir de septiembre y se extenderá con mayor severidad entre noviembre y enero. El verdadero riesgo de este evento no radica únicamente en las tormentas locales, sino en una «doble escala hídrica»: la saturación rápida de los suelos por lluvias abundantes en corto tiempo combinada con las crecidas progresivas de las cuencas de los ríos Paraná y Paraguay.
El mapa de vulnerabilidad chaqueño muestra una doble exposición territorial, diferenciando la respuesta del frente urbano y el perfil fluvial. Por un lado, el nodo metropolitano del Gran Resistencia (incluyendo Barranqueras, Fontana y Puerto Vilelas) junto a localidades de la franja costera enfrentan la amenaza de la crecida de los grandes ríos hacia el inicio del verano. Por el otro, en los municipios del interior provincial —con especial foco en los departamentos del Sudoeste y el departamento San Fernando— el mayor peligro proviene de anegamientos rurales prolongados, anegamientos de caminos y colapsos en los sistemas drenajes debido a lluvias locales intensas y concentradas.
Frente a esta coyuntura, los especialistas y autoridades provinciales insisten en que El Niño incrementa probabilidades de riesgo pero no determina desastres automáticamente si se aplica prevención anticipada. Actualmente se despliegan obras de «bajo arrepentimiento» —que incluyen la desobstrucción de canales principales, reacondicionamiento de colectores urbanos y revisión de terraplenes de defensa— antes de la llegada de los picos de caudal. La recomendación técnica para los municipios y sectores productivos es basar las decisiones operativas en los pronósticos a corto plazo del SMN y el monitoreo del caudal de las altas cuencas para mitigar el impacto en la infraestructura y la agricultura.





