Los indicadores de consumo privado continúan mostrando signos de debilidad en la dinámica económica interna. De acuerdo con informes académicos y de consultoras privadas, las ventas minoristas registraron un retroceso del 1,2% interanual durante el mes de julio, lo que consolida una tendencia acumulada de ocho meses consecutivos en terreno negativo. Este comportamiento evidencia las dificultades persistentes de la demanda agregada para sostener una recuperación sólida, en un contexto donde el poder adquisitivo sigue condicionado por los niveles de precios y el ajuste en las tarifas de servicios públicos.
El dato global de julio expone además una marcada heterogeneidad según el rubro analizado. Mientras que las ventas en productos de primera necesidad, como alimentos, bebidas y artículos de limpieza, mostraron un comportamiento relativamente estable e incluso pequeñas variaciones positivas impulsadas por promociones bancarias y facilidades de pago en supermercados, los sectores ligados a bienes durables e indumentaria sufrieron caídas de dos dígitos. Equipos del hogar, electrodomésticos y prendas de vestir continúan siendo las áreas más resentidas, dado que las familias priorizan la cobertura de necesidades básicas y el pago de servicios esenciales.
Ante esta desaceleración del mercado interno, las proyecciones del sector comercial apuntan a un escenario de moderación para la segunda mitad del año. Las expectativas de las pymes y grandes cadenas están puestas en el impacto que puedan tener las futuras actualizaciones paritarias y la ampliación del crédito al consumo, como las opciones de financiamiento en cuotas sin interés. No obstante, los analistas coinciden en que la consolidación de un sesgo reactivador dependerá fundamentalmente de la estabilidad macroeconómica y de un repunte efectivo del salario real en los meses venideros.





