La Casa Rosada analiza con cautela los sondeos y proyecciones que anticipan un escenario adverso para Donald Trump en las elecciones de medio término en Estados Unidos. Sin embargo, dentro del Gabinete prima la tranquilidad: evalúan que, más allá del resultado que deparen las urnas y del margen de maniobra que le quede al Partido Republicano en el Capitolio, la relación estratégica entre ambos países no sufrirá alteraciones sustanciales.
La principal prioridad del equipo de Javier Milei es resguardar la sintonía en materia económica y financiera. En el Gobierno entienden que el apoyo en organismos multilaterales de crédito y la cooperación en materia de inversiones responden a intereses geopolíticos que trascienden la coyuntura legislativa estadounidense. Por ello, confían en que las líneas de asistencia y el respaldo político otorgado hasta el momento continuarán sin fisuras.
Para minimizar eventuales fricciones y prevenir cualquier cambio de clima político en Washington, la cancillería y el equipo diplomático han comenzado a establecer contactos y tender puentes pragmáticos con sectores de la oposición norteamericana. El objetivo central de esta estrategia es garantizar la continuidad de la agenda bilateral y consolidar la posición argentina independientemente de la nueva distribución de fuerzas en el Congreso de Estados Unidos.





