El intendente de Margarita Belén, Javier Martínez, pondrá fin el próximo 10 de junio en el Club Social de Resistencia a una extensa gira provincial que combinó la presentación de su libro “Del dolor a la Victoria” con el testeo de sus aspiraciones a la gobernación del Chaco. Con paradas previas en Pampa del Infierno y en la propia sede partidaria del PJ, el cierre de este periplo por 50 localidades busca consolidar territorialmente a uno de los siete dirigentes peronistas que manifestaron ante Jorge Capitanich su intención de competir por el Sillón de Obligado. Sin embargo, este despliegue por el interior expone la actual disyuntiva del peronismo chaqueño: la extrema falta de conocimiento de la imagen de Martínez a nivel provincial siembra dudas sobre si su postulación cuenta con avales internos reales o si responde a una necesidad de instalación a contrarreloj.

Frente a este escenario de baja popularidad fuera de su localidad, en los pasillos de la política chaqueña cobra fuerza la hipótesis de que la candidatura de Martínez —y la de otros intendentes— forma parte de una ingeniería diseñada por la conducción del PJ. La estrategia consistiría en propiciar un escenario de elecciones PASO que dinamice a la militancia y simule una renovación interna, pero cuyo destino final sea ungir nuevamente a Jorge Capitanich como el candidato indiscutido del espacio. Esta maniobra buscaría blindar y relegitimar al tres veces gobernador, intentando diluir de forma colectiva el peso de su alta desaprobación social tras la derrota electoral pasada, mediante un proceso democrático interno que obligue a todo el arco peronista a encolumnarse detrás de su figura.
De este modo, el acto final en Resistencia, que contará con la participación del exintendente Rafael González y una convocatoria que incluye a referentes institucionales y del Tribunal Electoral, opera más como una demostración de fuerza hacia adentro del partido que como un lanzamiento masivo hacia el electorado general. Martínez intenta forjar una plataforma propia convirtiendo la adversidad en impulso político, pero queda atrapado en el dilema de una estructura que debate su supervivencia entre el verticalismo histórico en torno a Capitanich y la urgencia de caras nuevas. El 10 de junio marcará el fin de su recorrido literario, pero dejará abierta la incógnita sobre si el peronismo chaqueño está listo para una transición real o si solo asiste a un simulacro electoral para sostener a su histórico conductor.





